26 de julio, 2004
Presidente Álvaro Uribe Vélez
Palacio de Nariño
Gobierno de Colombia
Santa Fé de Bogotá, Colombia
Su excelencia Presidente Uribe,
Tenemos el agrado de dirigirnos a S.E. para transmitirle
la importancia que nosotros le otorgamos al progreso en la implementación
de las recomendaciones para Colombia emitidas anualmente en el mes de
marzo por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos.
En primer lugar, queremos expresar nuestro reconocimiento
a S.E. y su gobierno por haber aceptado implementar estas recomendaciones,
primero en Ginebra y, nuevamente, en Londres en julio de 2003. Apreciamos
su dedicación para construir un futuro seguro para los colombianos
y entendemos las dificultades y complejidades a las que usted se enfrenta.
Nos alienta la disminución en el número de homicidios, masacres,
secuestros y desplazamientos forzados. Sin embargo, vemos con gran preocupación
los niveles de violencia que aun existen en contra de la población
civil. Algunos informes reportaron un incremento en el número de
asesinatos extrajudiciales y desapariciones forzadas atribuidos a las
Fuerzas de Seguridad colombianas. Asimismo, los grupos guerrilleros continúan
usando indiscriminadamente artefactos explosivos contra la población
civil y las fuerzas paramilitares siguen asesinando y masacrando a pesar
de la existencia de un cese al fuego. Creemos que la adherencia a las
recomendaciones de OACNUDH contribuirá al establecimiento de una
“seguridad democrática” para todos los colombianos
con la que usted está personalmente comprometido.
La más urgente de las recomendaciones de la OACNUDH
es el rompimiento de los lazos entre él ejército y las fuerzas
paramilitares comprometidas en abusos, mediante la suspensión,
investigación y el vigoroso enjuiciamiento de aquellos oficiales
implicados en dicha colaboración. El informe de las Naciones Unidas
de marzo de 2004 cita la falta de cumplimiento de esta meta, incluyendo
“la realización de operativos paramilitares con conocimiento
inexcusable de la Fuerza Pública, de contactos indebidos entre
autoridades civiles y mandos paramilitares,... la inacción de la
Fuerza Pública ante la existencia de bases paramilitares fijas,
cercanas a instalaciones militares, e incluso la alegación de entrega
de información por parte de miembros de la Fuerza Pública
sobre posibles objetivos a grupos paramilitares.”
Como usted sabe, enfrentar estos abusos requiere de
una justicia imparcial y efectiva. La OACNUDH destaca problemas “en
materia de acceso a la misma, de independencia e imparcialidad judicial,
de garantías procésales y presunción de inocencia...”
Continuamos preocupados con el compromiso real de la Fiscalía en
investigar a aquellos oficiales de alto rango implicados en violaciones
de derechos humanos y lazos con los grupos paramilitares. Las Naciones
Unidas ha hecho un llamado para que se fortalezca el programa de protección
de testigos y victimas, se fortalezca también la Unidad de Derechos
Humanos y se cree una unidad especializada que investigue los lazos entre
el ejército y los paramilitares. Si bien somos conscientes que
el Fiscal General se ha comprometido para lograr el establecimiento de
esta unidad, esperamos que usted incremente la atención que su
gobierno le presta a las recomendaciones relacionadas a combatir la impunidad
que aun no se han cumplido.
Las Naciones Unidas también hace énfasis
con respecto a la vulnerabilidad de los defensores de derechos humanos,
los periodistas y los líderes sindicales. El programa de protección
de líderes de derechos humanos y sindicales de su gobierno es importante.
Sin embargo, el progreso en la investigación y enjuiciamiento de
los responsables de estas amenazas y ataques contra dichos lideres es
esencial. Uno de los casos más recientes es el asesinato, el pasado
1 de abril, del líder político y activista de derechos humanos
Carlos Bernal, quien había sido incluido en el programa de protección,
junto con su guardaespaldas y; la incursión a las oficinas de la
Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, realizada el 4 de
mayo, por hombres encapuchados y armados; y el asesinato el 15 de abril
del líder sindical del sector público, Carlos Alberto Chicaiza,
amenazado por hablar públicamente sobre los derechos de su sindicato.
Finalmente, lideres de derechos humanos, religiosos
y sindicales han sido blanco de registros y detenciones, en algunos casos
debido a información errónea suministrada por informantes
pagados. La OACNUDH ha exhortado al gobierno colombiano para que tome
las medidas apropiados a una solicitud realizada hace mucho tiempo por
los grupos de derechos humanos, con el fin de que anualmente sean revisadas
las actas de inteligencia militar de manera de retirar información
inexacta. Además, la OACNUDH ha solicitado que se establezcan canales
sistematizados de comunicación con los defensores de derechos humanos.
También le ha hecho un llamado al gobierno para que: “asegure
que no se hagan declaraciones públicas generalizadas que puedan
poner en riesgo los derechos de quien se dedique a defender los derechos
humanos o a actividades sindicales.”
Gracias por su consideración.
Atentamente,
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