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EEUU y América Latina


Por Lisa Haugaard, Dir. ejecutiva del Latin America Working Group
Publicado por La Tercera,
Santiago, Chile
Fecha edición: 28-04-2005


Por ser un actor poderoso incuestionable, Estados Unidos puede desempeñar un papel apoyando la democracia en América Latina. Como ciudadana de EEUU que quiero que nuestra política extranjera represente los mejores valores de nuestra sociedad, tengo que creer en la posibilidad de la redención: la redención de la historia estadounidense de apoyo a dictaduras y Fuerzas Armadas abusivas en el continente.

Pero esto requerirá humildad, imparcialidad y algo de limpieza en nuestra propia casa. En momentos en que EEUU parece a punto de liberar de cargos a los generales bajo cuyo mando hubo un extendido abuso de prisioneros en Irak, y cuando ha promovido al cargo de fiscal general a un hombre que redactó un polémico memo sobre la definición de tortura, ¿quiénes somos nosotros para hablar sobre rendir cuentas? Lo mejor que EEUU puede hacer para promover la democracia en América Latina, o en cualquier otra parte, es llevar ante la justicia a los responsables de abuso contra los prisioneros en Irak, garantizar a los detenidos de Guantánamo el debido proceso y reafirmar nuestro compromiso con las Convenciones de Ginebra y otras normas de DDHH internacionales.

Cuando EEUU emite juicios sobre la democracia en América Latina debería ser imparcial. Está bien expresar preocupación por la detención de críticos del gobierno cubano y por las restricciones a los medios de comunicación en Venezuela, por ejemplo. Pero también deberíamos preocuparnos por las detenciones arbitrarias en Colombia, fuerte aliado norteamericano, y por los vínculos entre el Ejército colombiano y las fuerzas paramilitares. Y no deberíamos estrechar el embargo a los viajes a Cuba, porque la libertad en otros lugares no se promueve limitando nuestra propia libertad como ciudadanos estadounidenses.

Nuestra ayuda debería reflejar nuestro apoyo a la democracia. No deberíamos estar reduciendo la ayuda para el desarrollo en América Latina, pero ella se redujo un 15% entre los años fiscales 2004 y 2006. Hoy, la ayuda militar de Estados Unidos casi equivale a la asistencia económica a la región. Además, se está incentivando un desdibujamiento del límite entre el rol militar y el policial. Para ayudar a la democracia deberíamos tener una política clara que promueva funciones restringidas al ámbito militar.

Hay ciertas preocupaciones objetivas sobre la democracia latinoamericana en la actualidad, aunque diría que las perspectivas son positivas. La gente está terriblemente impaciente con los fracasos gubernamentales en lograr beneficios para la mayoría de la población, como se ha visto en Ecuador y Bolivia. Por un lado, esta voluntad popular de no seguir tolerando la corrupción y los gobiernos altaneros es admirable. Pero por otro, se tiene que apoyar la continuidad de las instituciones. EEUU debería irse con cuidado y tratar de alcanzar consensos con las naciones latinoamericanas. Tiene un papel positivo que jugar en la región si no se asusta demasiado por lo que ve como "populismo radical" y aborda la situación con paciencia, multilateralismo y respaldo a las instituciones democráticas.

Es un momento interesante en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. Uno de los presidentes norteamericanos más conservadores en el pasado reciente enfrenta a una gama de gobiernos de centroizquierda dispuestos a hacer sentir su fuerza. Yo aconsejaría a los gobiernos latinoamericanos evitar una retórica que desafíe innecesariamente a la administración de Bush: escojan sus tiempos con cuidado, señoras y señores, porque esta Casa Blanca es muy sensible y no enteramente racional. Pero trabajando cuidadosa y conjuntamente, los gobiernos latinoamericanos afines podrían atraer a EEUU a un diálogo sobre temas relevantes, como el fracaso de la globalización en mejorar el estándar de vida para muchas personas.

El primer candidato que Washington apoyó para secretario general de la OEA tuvo que retirarse y ahora hay una carrera difícil, donde no es claro que EEUU determine al ganador. Esta es una dinámica saludable. Veremos si la superpotencia está lista para una relación más madura con América Latina. Ya es hora.