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A Chance to Right U.S. Wrongs in Honduras

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Author: Lisa Haugaard

This is article was first published as an op-ed in El Espectador. Read it here.

Xiomara Castro’s presidency in Honduras offers the Biden administration the opportunity to work on addressing root causes of migration with a partner that now seems far more reliable than in El Salvador or Guatemala. And it offers the U.S. government a chance to begin to address the harm successive U.S. administrations did to the Honduran people by accepting the 2009 coup and embracing corrupt and abusive presidents in power for the last dozen years. Through its support for these repressive and corrupt leaders, the United States has helped to create and intensify the human rights crisis in Honduras. Now, the Biden Administration, if it chooses to do so, can begin to right this wrong.  

The Biden administration’s actions since the elections —including quickly recognizing Castro’s win and sending Vice President Harris to the inauguration— show that it is indeed willing to work with this new partner. No doubt, the U.S. government will encourage and support President Castro as she seeks to obtain the United Nations’ help in creating an anti-corruption mission in Honduras and will help fund such a mission as well as other anti-corruption efforts. USAID will also look to support initiatives that address poverty and the root causes of migration.  

So far, so good. But the Biden administration should go farther.

First, the U.S. government should encourage and support President Castro if, as her campaign platform promises, she tries to protect civic space and freedom of association in Honduras. This means unraveling the web of legislation that makes it harder to prosecute money laundering and corruption and places harsh penalties on human rights activists and journalists investigating, protesting, and organizing against corruption and human rights violations. It also means encouraging the government to find ways to end the criminalization of environmental and land rights activists. The Biden administration must go further than simply supporting an anti-corruption agenda. It must support and encourage the protection of those on the frontlines of organizing to defend rights.

The United States should encourage transparency in government, another component of empowering Honduran citizens. Xiomara Castro has promised to support transparency, and this effort is already advancing with the legislature’s repeal of the so-called “Law of Secrets.”  


La presidencia de Xiomara Castro en Honduras ofrece a la administración de presidente Biden oportunidades de colaborar para abordar las causas fundamentales de la migración con un socio que, por ahora, parece mucho más confiable que El Salvador o Guatemala. Entre ellas la de comenzar a reparar el daño que las sucesivas administraciones de EE.UU. causaron al pueblo hondureño al aceptar el golpe de Estado en 2009 y al apoyar a presidentes corruptos y abusivos en el poder durante los últimos 12 años. A través de su apoyo a los líderes corruptos y represivos que han gobernado Honduras desde 2009, Estados Unidos ha ayudado a crear e intensificar la crisis de derechos humanos en Honduras. Ahora, la administración Biden tiene la oportunidad, si quiere tomarla, de comenzar a corregir este error.

Las acciones tomadas por la administración Biden desde las elecciones, incluido el rápido reconocimiento de la victoria de Castro y la asistencia de la vicepresidenta Harris a la toma de posesión, muestran que sí está dispuesto a trabajar con esta nueva socia. Sin duda, Estados Unidos alentará y apoyará a la presidenta Castro en su búsqueda para obtener el apoyo de las Naciones Unidas para crear una misión de anticorrupción en Honduras y ayudará a financiar tal misión, así como otros esfuerzos anticorrupción. USAID también buscará apoyar iniciativas que aborden la pobreza y las causas fundamentales de la migración.

Hasta aquí todo bien. Pero la administración Biden debería ir más allá.

Primero, el gobierno estadounidense deberá alentar y apoyar a la presidenta Castro si, como promete su plataforma de campaña, trata de proteger el espacio cívico y la libertad de asociación en Honduras. Esto conlleva desentrañar el compendio de leyes que dificulta la persecución del lavado de dinero y la corrupción, que además impone duras penas a los y las defensoras y a las y los periodistas que investigan, protestan y se organizan contra la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Esto también significa alentar al gobierno a encontrar formas de poner fin a la criminalización de los activistas medioambientales y de derechos territoriales. Biden debe ir más allá de simplemente apoyar una agenda anticorrupción en Honduras. Debe apoyar y alentar la protección de quienes están en la primera línea para defender sus derechos.

Estados Unidos debe apoyar los esfuerzos de fomentar la transparencia en el gobierno, otro aspecto para empoderar la ciudadanía hondureña.  Xiomara Castro ha prometido trabajar por esta meta, y este esfuerzo ya avanza con  la derogación por el Congreso  de la llamada “Ley de Secretos”.